Cuando se va el verano (2017)

Cuando se va el verano (2017)
Libro para jóvenes - Estación Mandioca Ediciones

Cuentos

Cuentos
"Viajeros extraviados", Premio Fondo Nacional de las Artes, Editorial Bajo la luna

Novela

Novela
"Cruces cierran los campos", Premio Rejadorada-Multiversa, España

sábado, 31 de marzo de 2012

Emily Dickinson

La sortija

En mi dedo tenía una sortija.
La brisa entre los árboles erraba.
El día estaba azul, cálido y bello.
Y me dormí sobre la yerba fina.

Al despertar miré sobresaltada
mi mano pura entre la tarde clara.
La sortija entre mi dedo ya no estaba.
Cuanto poseo ahora en este mundo
es un recuerdo de color dorado.

Morí por la Belleza

Emily Dickinson

Morí por la Belleza, pero apenas
acomodada en la tumba,
uno que murió por la Verdad yacía
en un cuarto contiguo.

Me preguntó en voz baja por qué morí.
-Por la Belleza -repliqué.
-Y yo por la Verdad. Las dos son una.
Somos hermanos -dijo.

Y así, como parientes, reunidos una noche
hablamos de un cuarto a otro
hasta que el musgo alcanzó nuestros labios
y cubrió nuestros nombres.

domingo, 25 de marzo de 2012

Crítica al libro VIAJEROS EXTRAVIADOS

Sobre el libro de cuentos "Viajeros extraviados", de Beatriz Actis (Editorial Bajo la luna)
Por: Miguel Grattier


(...) No sorprende entonces el vuelo metafísico de sus cuentos, esa aprehensión de un segundo cualquiera a través del que se puede entrever lo cotidiano profundo, y que sumerge a los personajes en la distancia de un sutil desplazamiento entre el momento del acontecimiento y el instante en el que es asumido. Como correr junto a quien va tras la lluvia. Esa distancia, tal vez, es el material de la obra, el hilo que ata a un relato a otro y que sujeta a cada uno de los personajes a su destino interior.
En mayor o menor medida, el recorrido pauta finalmente el retorno a sí mismo, el recuerdo con el yo escindido, jornada fundamental de la existencia. En el trayecto de este itinerario se suceden y reiteran algunas obsesiones, que de no ser por su aparición inesperada, casi caprichosa, no podemos más que admirar como realidades irreversibles del mundo de las mujeres: es el caso de las complejas, indescifrables relaciones entre madres e hijas.
Otra constante es la relación entre el adulto y el niño, capturada en la mirada tendida entre el pueblo y la ciudad, y una omnipresente dependencia de los vivos respecto de los muertos. La sola enumeración de estos temas habla ya del carácter intimista de la obra.
Los materiales, por su parte, piden su tratamiento. El tono introspectivo es logrado a partir de la recuperación subjetiva de lo cotidiano en el espacio real. Los cuentos se sitúan, nos hablan y describen lugares y paisajes que conocemos tanto en su geografía, como en sus historia y atmósferas posibles. Sin embargo, en el relato adquieren otra dimensión.
Esta dimensión, la zona en la que se marca la diferencia respecto de lo meramente descriptivo (que abunda en la literatura de nuestra zona, y que no ha ofrecido más que fracasos en la transcripción del sopor de nuestro clima), es aquella en la que las sensaciones son rescatadas no en la descripción de la experiencia tal como la pueden percibir cada uno de los sentidos, si no cuando lo percibido se está desprendiendo del acontecimiento y comienza a construirse en el recuerdo, cuando los aromas que impregnan la noche llevan destino de piel. Ir tras la vida es tan absurdo como explicar qué es nadar.
El logro de este grupo de cuentos reside, más allá del talento instintivo de la autora por las letras, en el ajuste y la depuración a que sometió su escritura dirigida al rescate de la experiencia del estar situado en la distancia fugaz pero decisiva que media entre el decir y lo dicho.
En un cuento se dice: "En esta ciudad todo pasa siempre más tarde". El decir es en sí mismo un evento, y una vez que el decir ha sido dicho ya carga con su impronta textual. En el tono con que se asume esa breve distancia, en ese instante fugaz se constituye esta literatura. El sistemático desplazamiento entre lo subjetivo y lo objetivo es lo que determina que espacio y tiempo devengan extraños. Entonces el reconocimiento de los lugares habituales y de los personajes que los han frecuentado en la realidad, de lo que incluso han otorgado sentido y carácter a la historia, ya no importan en cuanto tales. Los reconocemos como acaecidos en un espacio contiguo, en un lugar ulterior. El paisaje y sus habitantes han sido mirados, vistos y dichos desde esa distancia geométrica (geometría quiere decir la medida de la tierra) en la que se ubica el espíritu clásico para expresar su tiempo. El relato ha creado su temporalidad, ha establecido la medida de su espacio, y con ellas su universo. El escritor aparece cuando su universo ha sido cerrado.
Hay sobre el fondo de esta obra una clara pertenencia a la tradición literaria intimista, introspectiva, en la que podemos reconocer a Ishiguro, Carver, seguramente, y una obsesión purista por la corrección que delata una vocación irrefrenable por narrar, aun cuando aparentemente no haya nada por contar.
Y en arte suele suceder que se sale a buscar rinocerontes, y se vuelve con dinosaurios o dragones, sin caer en la cuenta de la cacería hasta pasado un tiempo.

(Fragmento del artículo "La distancia que media entre el decir y lo dicho")

jueves, 22 de marzo de 2012

Tonino Guerra: El gato...

EL GATO SOBRE EL ARBOL DE DAMASCOS

Era un loco
que creía que era un animal
entre las ramas del árbol de damascos.
Su pobre padre era el hombre más bueno del mundo,
en casa se abrazaba a los armarios
y cerraba la cómoda con la rodilla.

Le decía: —Gino, venga, baja ya,
hazle caso a tu padre.
Pero el loco se acurrucaba entre las ramas
y se pasaba la noche maullando como los gatos.

sábado, 17 de marzo de 2012

De la colombiana Lauren Mendinueta

Cada día en otro tiempo
Lauren Mendinueta

He venido a la tormenta,
al ruido espantoso de la estación del tren.
Aquí donde vivo nunca llegará el invierno
con sus hábitos curiosos,
ni tendré necesidad de poseer un hogar.
A veces salgo al muelle
y miro cómo rompe el alba sobre las olas,
cómo se funden color sobre color.
Demasiado pronto
el día abjura de su rumorosa vocación
y enmudece para hacerme hablar.
Desprecio el alarde festivo de la noche
y las ramas del roble
agitadas contra la tormenta.
Nada me obliga a la exclusión:
he vencido mi destierro.

Silvina

lunes, 12 de marzo de 2012

Poema de Lispector

Clarice Lispector

Más allá de la oreja, existe un sonido, la extremidad de la mirada, un aspecto, las puntas de los dedos, un objeto: es allí adonde voy.
La punta del lápiz, el trazo.
Donde expira un pensamiento hay una idea, en el último suspiro de alegría, otra alegría, en la punta de la espada, la magia: es allí adonde voy.
En la punta del pie, el salto.
Parece la historia de alguien que fue y no volvió: es allí adonde voy.
¿O no voy? Voy, sí. Y vuelvo para ver cómo están las cosas. Si continúan mágicas. ¿Realidad? Te espero. Es allí adonde voy.
En la punta de la palabra está la palabra. Quiero usar la palabra “tertulia”, y no sé dónde ni cuándo. Al lado de la tertulia está la familia. Al lado de la familia estoy yo. Al lado de mí estoy yo. Es hacia mí adonde voy. Y de mí salgo para ver. ¿Ver qué? Ver lo que existe. Después de muerta es hacia la realidad adonde voy. Mientras tanto, lo que hay es un sueño. Sueño fatídico. Pero después, después todo es real. Y el alma libre busca un canto para acomodarse. Soy un yo que anuncia. No sé de qué estoy hablando. Estoy hablando de nada. Yo soy nada. Después de muerta me agrandaré y me esparciré, y alguien dirá con amor mi nombre.
Es hacia mi pobre nombre adonde voy.
Y de allá vuelvo para llamar al nombre del ser amado y de los hijos. Ellos me responderán. Al fin tendré una respuesta. ¿Qué respuesta? La del amor. El amor es rojo. Los celos son verdes. Mis ojos son verdes. Pero son verdes tan oscuros que en las fotografías salen negros. Mi secreto es tener ojos verdes y que nadie lo sepa.
En la extremidad de mí estoy yo. Yo, implorante, yo, la que necesita, la que pide, la que llora, la que se lamenta. Pero la que canta. La que dice palabras.
¿Palabras al viento? Qué importa, los vientos las traen de nuevo y yo las poseo.
Yo, al lado del viento. La colina de los vientos aullantes me llama. Voy, bruja que soy. Y me transmuto.
Oh, cachorro, ¿dónde está tu alma? ¿Está cerca de tu cuerpo? Yo estoy cerca de mi cuerpo. Y muero lentamente.
¿Qué estoy diciendo? Estoy diciendo amor. Y cerca del amor estamos nosotros.

sábado, 10 de marzo de 2012

Taller Literario 2012




Sobre Literatura para Niños: Lunes de 19 a 20.30
Sobre Literatura para Adultos: Martes de 18.30 a 20.30

Opción de TALLER VIRTUAL.

CONSULTAS: e-mail: beatrizactis@hotmail.com

jueves, 8 de marzo de 2012

Violetas

De la venezolana Yolanda Pantin

La infancia es una gracia

La infancia es una gracia que me fue desprendida. Aquello que se viene me devuelve persona con brío de reír. Ya no tengo memoria para el nombre del árbol y semilla tallada. Ni de aquel que resiste con caballos en las palmas y tiene a cada lado una rienda tejida. Lo cierto más oscuro, cuando divago y pregunto, háblame de aquello, de las cosas sucedidas, cuando antes: la rudeza de sentarnos en las sillas de madera.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Cuando era feliz e indocumentado

Ayer, cumpleaños de García Márquez, pensé en cuánto le debo.

De Elizabeth Bishop

Un arte
Elizabeth Bishop

El arte de perder no es un arte difícil;
tantas cosas parecen colmadas de un propósito
de pérdida que cuando se pierden no es muy trágico.

Pierdan a diario algo. Acepten la molestia
de extraviar el llavero, la pérdida de tiempo.
El arte de perder no es un arte difícil.

Practiquen perder, luego, más cosas y más rápido:
lugares, nombres, dónde era que estaban yendo.
Ninguna de estas cosas es demasiado trágica.

Perdí el reloj materno. Y miren, se me ha ido
la última,o penúltima, casa que tanto amaba.
El arte de perder no es un arte difícil.

Dos hermosas ciudades perdí. Y algunos reinos
que poseía, dos ríos y un continente.
Y aunque, sí, los extraño, no fue una cosa trágica.

Incluso tras perderte (la voz mordaz, un gesto
que amo) no habré dicho una mentira. Es obvio
que el arte de perder no es cosa muy difícil
aunque parezca a veces (¡anoten!) algo trágico.

domingo, 4 de marzo de 2012

Nabokov

La literatura no nació el día en que un chico llegó corriendo del valle neanderthal gritando "el lobo, el lobo", con un enorme lobo gris pisándole los talones; la literatura nació el día en que un chico llegó gritando "el lobo, el lobo", sin que le persiguiera ningún lobo. El que el pobre chaval acabara siendo devorado por un animal de verdad por haber mentido tantas veces es un mero accidente. Entre el lobo de la espesura y el lobo de la historia increíble hay un centelleante término medio. Ese término medio, ese prisma, es el arte de la literatura.
Vladimir Nabokov - "Curso de literatura europea"

Sólo flores