Cuentos

Cuentos
"Viajeros extraviados", Premio Fondo Nacional de las Artes, Editorial Bajo la luna

Novela

Novela
"Cruces cierran los campos", Premio Rejadorada-Multiversa, España

lunes, 31 de diciembre de 2012

Poema / Cortázar


HAPPY NEW YEAR

Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestás tu mano en esta noche
de fìn de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.

lunes, 24 de diciembre de 2012

domingo, 23 de diciembre de 2012

Sylvia Plath: Póstumo


Ovejas en la niebla

Las colinas se asientan dentro de la blancura.
Gente o estrellas

Me miran tristemente; yo me desilusiono de ellas.
¡Oh! Lento
Caballo del color del orín,
Toda la mañana
La mañana ha estado ennegreciendo

Mis huesos asen una quietud, los lejanos
Campos funden mi corazón.

Con arrojarme a un cielo
Sin estrellas y sin padre, una oscura agua.

El tren deja una línea de hálito. 
Hooves, dolorosas campanas —
Una flor olvidada.
Ellos me amenazan


* Otra traducción, es decir, otro poema:

Las colinas ponen  en la blancura. 
Alguien, o , me mira con tristeza: los estoy defraudando. 

El tren deja un trazo de aliento. 
Oh, demorado caballo del color de la herrumbre, 
cascos, campanas dolorosas... 
La mañana se pasó la mañana oscureciéndose; 
flor suprimida. 

Los huesos se me apropian de una quietud, lejanos 
campos me funden el corazón. 

Amenazan con llevarme hasta un cielo, 
sin estrellas, ni padre: agua lóbrega. 

viernes, 21 de diciembre de 2012

Experimentos con la verdad

Paul Auster, en Experimentos con la verdad:
En el proceso de escribir o pensar sobre uno mismo, uno se convierte en otro

jueves, 20 de diciembre de 2012

Ser escritor


LITERATURA Y FELICIDAD, por Abelardo Castillo


La literatura está cargada de fatalidad y de tristeza. ¿Por qué? La vida no es siempre fea. Lo que pasa es que, en el fondo, la literatura es un conjuro contra la infelicidad y la desdicha. La gente quiere ser feliz. Pero la felicidad no hay que escribirla: hay que vivirla. O por lo menos intentar vivirla. En la literatura se pone el deseo, la nostalgia, la ausencia, lo que se ha perdido o no se quiere perder. Por eso es tan difícil escribir una buena historia feliz. La historia de amor más hermosa que se ha escrito es 'Romeo y Julieta'. Pero es una catástrofe. Ella tiene catorce años y él dieciocho, y terminan suicidándose. Qué linda historia de amor. Uno confunde la felicidad con las felicidades, con ciertos momentos transitorios de dicha o alegría. La felicidad absoluta no existe, y se escribe, justamente, porque la felicidad no existe. Existen pequeños instantes de felicidad, o alegrías fugaces, que, si se consigue perfeccionarlos en la memoria, pueden ayudar a vivir durante muchísimos años. La literatura también es un intento de eternizar esos momentos.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Sobre Faulkner y Hemingway

Por Gabriel García Márquez:  No sé quién dijo que los novelistas leemos las novelas de los otros sólo para averiguar cómo están escritas. Creo que es cierto. No nos conformamos con los secretos expuestos en el frente de la página sino que la volteamos al revés, para descifrar las costuras. De algún modo imposible de explicar desarmamos el libro en sus piezas esenciales y lo volvemos a armar cuando ya conocemos los misterios de su relojería personal. Esa tentativa es descorazonadora en los libros de Faulkner, porque éste no parecía tener un sistema orgánico para escribir sino que andaba a ciegas por su universo bíblico como un tropel de cabras sueltas en una cristalería. Cuando se logra desmontar una página suya, uno tiene la impresión de que le sobran resortes y tornillos y que será imposible devolverla otra vez a su estado original. Hemingway, en cambio, con menos inspiración, con menos pasión y menos locura, pero con un rigor lúcido, dejaba sus tornillos a la vista por el lado de fuera, como en los vagones de ferrocarril. Tal vez por eso Faulkner es un escritor que tuvo mucho que ver con mi alma, pero Hemingway es el que más ha tenido que ver con mi oficio.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Ricardo Molinari

Déjame esta tarde solo para mí, que tengo la voluntad
perdida en el frío. En olvido inmenso
crecen y mueren los pájaros. Hace un siglo
que no duermo y tengo las uñas quebradas
de peinarme.
En el mes de marzo empieza el Otoño en mi tierra;
yo nací en el Otoño. De noche, cuando el alma
se queda sola con su cuerpo. Alguna vez...
Y el viento herido se queja como un ramo de flores
en un vaso de vino.

Si cada alma
tiene su cuerpo, sus amistades y negocios;
si hasta la de los hombres sucios
tiene su lugar en este mundo y una sonrisa
parecida a sus pensamientos, un cuerpo idéntico
y compañías que viven sin ruborizarse: igual
a los ojos de ellos, a los pies, a las manos,
a la boca y dientes de ellos, tú, entonces,
tienes un deseo
semejante al mío. Yo quiero mezclar un día entre otros,
huir de la tierra muerta,
hacer un día espléndido sin separación, donde tu perfil
me esté mirando, mientras guardo amores perfectos
dentro de un sombrero.

 Fragmento de HOSTERÍA DE LA ROSA Y EL CLAVEL
Déjame esta tarde solo para mí, que tengo la voluntad
perdida en el frío. En olvido inmenso
crecen y mueren los pájaros. Hace un siglo
que no duermo y tengo las uñas quebradas
de peinarme.
En el mes de marzo empieza el Otoño en mi tierra;
yo nací en el Otoño. De noche, cuando el alma
se queda sola con su cuerpo. Alguna vez...
Y el viento herido se queja como un ramo de flores
en un vaso de vino.

Si cada alma
tiene su cuerpo, sus amistades y negocios;
si hasta la de los hombres sucios
tiene su lugar en este mundo y una sonrisa
parecida a sus pensamientos, un cuerpo idéntico
y compañías que viven sin ruborizarse: igual
a los ojos de ellos, a los pies, a las manos,
a la boca y dientes de ellos, tú, entonces,
tienes un deseo
semejante al mío. Yo quiero mezclar un día entre otros,
huir de la tierra muerta,
hacer un día espléndido sin separación, donde tu perfil
me esté mirando, mientras guardo amores perfectos
dentro de un sombrero.


Lee todo en: HOSTERÍA DE LA ROSA Y EL CLAVEL - Poemas de Ricardo E. Molinari http://www.poemas-del-alma.com/ricardo-e-molinari-hosteria-de-la-rosa-y-el-clavel.htm#ixzz2DBV80fBs

Edgard Bayley



Abrir la puerta

me pregunto
y es una pregunta inmoral
si servirá de algo abrir esa puerta
que da al patio
a la tierra
al viento del mundo
a los pasos de la gente
me pregunto
si servirá de algo escribir
a estas horas de la noche
en el silencio de mi habitación
con la puerta cerrada

sería tan sencillo
me digo
abrir por fin la puerta
y asomarme y mirar
dejando que me lleven
los pasos y la sombras del camino
me pregunto si servirá de algo explicar
por qué no explico
cuando tanta palabra y confidencia
intentaron traducirme
y ponerme al descubierto

si servirá de algo abrir la puerta
me pregunto
y andar por el patio
por el mundo entre la gente
abrir de par en par la puerta
para que todo pueda cumplirse
como la hoja de un cuchillo al extremo de un puente
como la red y el roble que salvan la alegría al final del espectáculo
como el canto de las aguas y el susurro de la siesta
como la playa en sombras y el lecho infinito de los amantes reencontrados

para que todo pueda cumplirse
la luz la noche la inocencia
el nombre que pasa entre las ramas
la puerta se abrirá enteramente
se abrirá por fin la puerta
por si alguno
quiere volver a entrar o salir
o curiosear entre mis cosas
o esperarme mientras vuelvo
y si tardo y no regreso
salir al viento
y olvidarme

domingo, 18 de noviembre de 2012

(Otro) Juanele

El sol y el viento, solos, sobre el pueblo.
Alegría de cal, de callejones últimos
entre un pudor de ramas,
por donde mis paseados, lentos días
salían a suaves campos.
Vecino era del agua y de la luz.

Campanas. Oh, la infancia que era como estas hojas,
gracia viva del aire y los reflejos
bajo la penetrante, mansa mirada de la tarde.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Juanele

Sobre los juncos y los lagos, sobre los arroyos y las colinas y los sauces,
su errante corazón es una niebla ligeramente ebria.
Los amantes y los poetas sienten en esa niebla que todo sube hasta el canto,
que el canto viene de muy lejos, de muy lejos, y no muere.

Y no morirá.

(...)

lunes, 29 de octubre de 2012

Pasolini



Si regresa el sol, si cae la tarde,
si la noche tiene un sabor de noches futuras,
si una siesta de lluvia parece regresar
de tiempos demasiado amados y jamás poseídos del todo,
ya no encuentro felicidad ni en gozar ni en sufrir por ello:
ya no siento delante de mí toda la vida.


A través de mares



Diario de viaje: A través de mares
(Contratapa de "Rosario 12", octubre 2012)

Sobre sirenas

  Un célebre testimonio literario acerca de la aparición de sirenas se encuentra en La Odisea, atribuida a Homero, que relata, sabemos, las aventuras de Odiseo/Ulises durante su largo viaje de regreso a Ítaca, después de la guerra de Troya.
  Esos seres fabulosos de cantos dulces atraían a los marinos más confiados, haciendo que sus naves se despedazaran contra las rocas. El hombre que oía sus voces se arrojaba al mar, tras ellos, y se olvidaba para siempre de su patria.
  El héroe se protegió de aquel canto enloquecedor haciendo caso a los consejos y advertencias de Circe: “Haz pasar de largo a la nave y, derritiendo cera agradable como la miel, unta los oídos de tus compañeros para que ninguno de ellos las escuche. En cambio, tú, si quieres oírlas, haz que te amarren de pies y manos, firme junto al mástil -que sujeten a éste las amarras-, para que escuches complacido la voz de las dos Sirenas, y si suplicas a tus compañeros o les ordenas que te desaten, que ellos te sujeten todavía con más cuerdas”.
    

Piratas de Salgari : “¿Quién,  a  pesar de la tempestad, velaba…?”


  Se lee en Sandokán: “En la noche del 20 de diciembre de 1849 un violentísimo huracán azotaba a Mompracem, isla salvaje de siniestra fama, guarida de temibles piratas situada en el Mar de la Malasia, a pocos centenares de kilómetros de las costas occidentales de Borneo. Empujadas por un viento irresistible, corrían por el cielo negras masas de nubes que de cuando en cuando dejaban caer furiosos aguaceros, y el bramido de las olas se confundía con el ensordecedor ruido de los truenos. Ni en las cabañas alineadas al fondo de la bahía, ni en las fortificaciones que la defendían, ni en los barcos anclados al otro lado de la escollera, ni en los bosques se distinguía luz alguna. Sólo en la cima de una roca elevadísima, cortada a pique sobre el mar, brillaban dos ventanas intensamente iluminadas. ¿Quién, a pesar de la tempestad, velaba en la isla de los sanguinarios piratas…?”.


Selkirk o el desaliento del marino

   Alejandro Selkirk es el nombre del marino escocés cuyas aventuras en la Isla de Juan Fernández, frente a las costas de Chile, inspiraron a Defoe para escribir Robinson Crusoe, publicado a comienzos del siglo XVIII.
   Esto fue lo que sucedió: Selkirk formaba parte de la expedición corsaria del capitán Dampier, constituida por dos naves que en ese momento navegaban por los mares del sur de América. Como fracasaron en el intento de apoderarse de un navío español que estaba en camino hacia Buenos Aires, las naves de Dampier se dirigieron a Juan Fernández y dejaron allí a unos tripulantes; luego navegaron hacia el puerto peruano de El Callao, en donde tampoco pudieron capturar ningún barco. Entonces decidieron volver a Juan Fernández para recoger a los marineros.
   La falta de “presas” o naves capturadas generó descontento en la tripulación. Entre los marinos más desalentados se encontraba Selkirk, quien prefirió quedarse en la isla Juan Fernández antes que proseguir el viaje. Apenas tenía un fusil, una Biblia, un hacha, sus ropas, algo de pólvora y algunos utensilios. A partir de entonces, y por cinco largos años, fue un hombre solo en una isla desierta.


Diario de naufragio: “Nadé a la ventura…”

  En Los viajes de Gulliver (Viajes a varios lugares remotos del planeta), de Jonathan Swift: “En la travesía a las Indias Orientales fuimos arrojados por una violenta tempestad al noroeste de la tierra de Van Diemen. Según observaciones, nos encontrábamos a treinta grados, dos minutos de latitud Sur. El 15 de noviembre, que es el principio del verano en aquellas regiones, el viento era tan fuerte que no pudimos evitar que nos arrastrase y estrellase. Seis tripulantes, yo entre ellos, que habíamos lanzado el bote a la mar, maniobramos para apartarnos del barco y de las rocas. Remamos, según mi cálculo, unas tres leguas, hasta que nos fue imposible seguir, exhaustos como estábamos ya por el esfuerzo sostenido mientras estuvimos en el barco. Así que nos entregamos a merced de las olas, y al cabo de una media hora una violenta ráfaga del Norte volcó la barca. Nadé a la ventura, empujado por viento y marea…”.


Entre la historia y el mito

  Cuando Cristóbal Colón llegó a América, vio en el Mar de las Antillas unas criaturas que describió con rostros casi humanos y no tan hermosas “como se pintan”. En la actualidad, historiadores y científicos piensan que el almirante confundió a los manatíes, animales acuáticos que habitan en aguas caribeñas, con sirenas.
  Andando por los mares del mundo, no es difícil descubrir que en ocasiones las sirenas son manatíes pero, en otras, los manatíes resultan ser sirenas. Es que los espejismos pueden revelar algunos secretos (a veces –aunque sólo a veces-, llenos de maravilla).

domingo, 28 de octubre de 2012

Lezama



Ah, que tú escapes en el instante
en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.
(…)
Ah, mi amiga, si en el puro mármol de los adioses
hubieras dejado la estatua que nos podía acompañar,
pues el viento, el viento gracioso,
se extiende como un gato para dejarse definir.

miércoles, 17 de octubre de 2012

El país común, el de la infancia



Diario de viaje: El país de la infancia
Beatriz Actis 
(Contratapa de "Rosario 12", 17 de octubre de 2012)

Mariposa

“En el jardín que parece un abismo / la mariposa llama la atención: / interesa su vuelo recortado / sus colores brillantes / y los círculos negros que decoran las puntas de las alas. / Interesa la forma del abdomen. / Cuando gira en el aire / iluminada por un rayo verde / como cuando descansa del efecto / que le producen el rocío y el polen / adherida al anverso de la flor / no la pierdo de vista / y si desaparece / más allá de la reja del jardín / porque el jardín es chico / o por exceso de velocidad / la sigo mentalmente /
por algunos segundos / hasta que recupero la razón”.
Nicanor Parra

Amigas que pasaron su infancia, como yo, en pueblos con calles de tierra, recuperan recuerdos compartidos; en mi caso, sin embargo, a eso no lo viví  o -lo más probable- sí lo viví pero hoy, por motivos secretos, no lo puedo rememorar.
Me resisto a que eso suceda. ¡Si son necesarios los recuerdos bucólicos!
Así que, como en otro de los poemas de Nicanor Parra, “me retracto de lo dicho”.
La memoria de los otros, ya me la apropié: las mariposas revolotean detrás del camión regador, sobre la tierra mojada; son amarillas, pequeñas, a veces sus alas parecen de color naranja. Y sí, lo recuerdo. De forma nítida. También, el olor de la tierra humedecida.


El niño habla

  Las vacaciones en las sierras resultaron este año más largas, más lentas. No fuimos ni a Cosquín ni a La Falda sino a San Esteban, un pueblito medio perdido en donde ni siquiera en un enero soleado se arremolina la gente.
  En veranos anteriores, los balnearios se llenaban de turistas y a veces, incluso, llegábamos a conocer a algunos de los chicos lugareños. En Cosquín una vez trepamos al cerro con la cruz en la punta y subimos a un tren que nos llevó hasta el Lago San Roque; el tren estaba un poco destartalado pero pasaba por la sierra, serpenteaba, te podías marear, era emocionante.
  Y en el Dique del Lago estaba el embudo gigante, la gente murmuraba, se decía en voz baja que ahí se había suicidado una vez un hombre. La noche que siguió a la mañana en que lo escuché apenas pude dormir imaginando ese pozo monstruoso que se tragaba el cuerpo de un hombre, y hasta el alma de un hombre tal vez se hubiera tragado.
  La vez que fuimos a La Falda, igual de lindo, había un reloj cucú (yo ya había visto uno, otra vez, en Carlos Paz, se ve que a los cordobeses les gusta) y me tomaron una foto a su lado; la foto era grande y estaba pintada de colores suaves, líquidos, como los de una acuarela. También vimos un hotel más o menos abandonado que parecía embrujado, quizás lleno de fantasmas.
  Pero en San Esteban, en cambio, no había nunca nada, casi nada.

Los anaranjados

    Una casa de pescadores sobre la barranca del río Paraná, pegada a la ciudad, como colgada –uno se asoma desde la baranda del parque y mira hacia abajo, y ahí está ella, la casa isleña a sólo cuadras del ruido del centro-, tiene un patio que mira al río, con árboles, canoas, redes de pesca y trastos, y un poblado de gatos color anaranjado que forma otra red.
  A veces duermen bajo el sol, y se les ilumina el pelaje, que se vuelve un destello amarillo, de tan soleado. Otras -cuando hace frío- se los ve acurrucados en un manojo de cuatro o cinco, como en un juego de encastres o en un rompecabezas completo. No hay ni un pequeño espacio entre unos y otros; son madejas de gatos atigrados dándose calor y queriendo dormir en el rigor de las siestas del invierno.
  La mayoría de las veces, se puede jugar desde arriba a “encontrar el gato naranja bajo la barranca”: están dispersos en rincones, techos, pies de escaleras, botes, arbustos, caminitos de cemento. Y esa  disposición no parece arbitraria. Hay un diseño oculto – o debería haberlo-  que los ordena en el aparente desorden, en la simetría virtuosa.
  Se puede observar como un fresco de naturaleza con gato (¿post impresionista?) y es grato descubrir al anaranjado clarito alineado con el naranja oscuro de más allá  y los vericuetos del gato chiquito que avanza mientras en la retaguardia cinco o seis, mayores, se empeñan en ignorar sus pasos. Del mismo modo como, tras mucho rato de contemplar un cuadro en un museo, empezamos a ver los detalles que, en una primera mirada,  permanecieron ocultos  a nuestra curiosidad.

lunes, 8 de octubre de 2012

Antonio Cisneros

DOS FRAGMENTOS

(...) "oh tu lengua
cómo ondea por toda la ciudad 
torre de babel que se desploma" (...)

De: "Canto ceremonial contra un oso hormiguero"

Sin preocuparnos por el hedor/ de viejos muertos,/ ni construir nuestra casa/ con huesos de los héroes,/ para nuevas batallas y canciones/ sobre la tierra estamos.

domingo, 7 de octubre de 2012

jueves, 4 de octubre de 2012

Diario de viaje



Río de orquídeas moradas
("Rosario 12", 3 de octubre de 2012)

El Imposible

   Cartas de amigos de Latinoamérica. A orillas del lago de Suchitlán discurre con placidez el pueblo colonial de Suchitoto, en el departamento salvadoreño de Cuscatlán. Su nombre significa “Lugar de pájaros y de flores”.
   Recibo un mensaje de Martha Eugenia desde San Salvador: “Recordándote en la Ruta de las Flores”.
   La ruta del bello nombre atraviesa la zona cafetera de El Salvador y sus bosques, y permite visitar Salcoatitán, en donde se cultivó la primera planta de café; Nahuizalco, con su iglesia del siglo XVII; Juayúa, cuyo nombre significa “Río de orquídeas moradas”; Apaneca, que preserva el sitio arqueológico de Santa Leticia, con testimonios y expresiones artísticas de la cultura maya.
  (Algo de los viajes vuelve cuando se pronuncia: Suchitoto-Apaneca-Nahuizalco-Salcoatitán- Juayúa).
  Cercana a la Ruta de las Flores está Tacuba. Y en Tacuba, ciudad enclavada en la cordillera Apaneca Ilamatepec, hay un lugar llamado Bosque El Imposible, un parque nacional que es un bosque tropical de montaña, en medio de una topografía accidentada, con farallones.
  Ocho ríos tienen su origen en el Parque; algunos de ellos son el Guayapa, el Ahuachapio, el Ixcanal, el Maishtapula, el Mixtepe. Todos fluyen hacia el sur.
  (Algo de los viajes, algo del profundo pasado se hace presencia cuando se pronuncia: Guayapa-Ahuachapio-Ixcanal-Maishtapula-Mixtepe).

“Barrigones” de la sierra de Apaneca
  En el sitio arqueológico Santa Leticia hay tres esculturas a las que se conoce como “barrigones”.
  En 1878, el viajero alemán Simeon Habel publicó un ensayo sobre esculturas monolíticas -hechas de una sola pieza de piedra- que mencionaba a tres "barrigones" situados en la zona. En 1963, el dueño de la finca Santa Leticia, que hoy da nombre al sitio, los “redescubrió” accidentalmente y, a partir de allí, equipos arqueológicos de museos y universidades los incorporaron a sus estudios.
  Más de setenta “barrigones” de similar estilo fueron hallados en otros sitios arqueológicos de la costa del Pacífico y de las Tierras Altas, aunque algunas piezas fueron descubiertas también en las llamadas Tierras Bajas: en Petén, Guatemala, y en Copán, Honduras.
  En El Salvador, entre fines del siglo XIX y mediados del XX, es decir, durante casi cien años, los monolitos de la Sierra de Apaneca estuvieron cubiertos por la vegetación, agazapados y mudos. Pero eternos.

Rumba y carnaval
  Cartas de amigos de Latinoamérica (II). Escribe Juan Moreno desde Colombia: “Es viernes y eso, en Cali, es decir rumba”. La ciudad de Santiago de Cali, en la orilla occidental del río Cauca y resguardada al oeste por los Farallones de Cali -que forman parte de la Cordillera Occidental de los Andes- es la capital del Departamento del Valle del Cauca.
  Además de ser llamada “Capital de la salsa”, las sentencias son concluyentes: En Cali los pies no caminan, bailan”. En Juanchito, muy cercano a Cali, ubicado sobre la margen derecha del río Cauca, los actuales danzódromos, muy concurridos, fueron en su origen humildes tablados de la zona mulata. Los carnavales de Juanchito, en los que se celebraba “El reinado de la belleza negra”, fueron famosos por las fiestas musicales, las ferias gastronómicas y artesanales, los juegos pirotécnicos y el tradicional desfile de carrozas desde Cali. 

La fiesta de la caña de azúcar
   Cada año, entre el 25 y el 30 de diciembre, se lleva a cabo la gran Feria de Cali, que en su origen se llamó Feria de la Caña de Azúcar (y he aquí otra sentencia: “Cali huele a caña de azúcar”).
   La fiesta es conocida por sus cabalgatas, su temporada taurina -en la ciudad sigue vigente la controvertida tradición hispana, cuyo epicentro es la Plaza de Toros de Cañaveralejo- y la presencia multitudinaria de gente que baila, ante distintos escenarios, con orquestas de salsa.
    La Feria se inicia con una cabalgata por las principales calles caleñas, en la que desfilan caballos de paso fino, y sigue con multitud de verbenas y fiestas populares que convierten a la ciudad en sede de festejos callejeros simultáneos.
    Se baila, incluso, sobre camiones especialmente acondicionados que recorren la ciudad por las noches. Son las chivas rumberas. Escuché, ante esta costumbre, decir a un europeo: “Les envidio el concepto”.

martes, 2 de octubre de 2012

Poetas

—Poetas, ¿qué están haciendo ustedes?
—Esperando a que pase una luciérnaga.
—¿Para qué?
—Nuestro maestro no las conoce y quiere ver una…
—Amigos poetas, puedo ayudarlos, yo tengo un libro que tiene el dibujo de una luciérnaga.
—La luciérnaga del libro no sirve.
—¿Por qué?
—Porque nuestro maestro quiere escribir un haiku.
—¿Qué es un haiku?
—Es esperar que pase una luciérnaga.

martes, 25 de septiembre de 2012

Diario de viaje
Calles, plazas, parques: de cara al sol
(Contratapa de "Rosario 12",  25/9/2012)

Calles abiertas y mercados de pulgas

  Son buenas las ciudades de domingo. La Sexta Avenida, en Manhattan, se transforma en una feria callejera, multiétnica. Es que hay momentos en que el centro de las grandes ciudades deja paso a cierto “espíritu de periferia”, momentos en que se puede caminar, por ejemplo, por la 3ra. Avenida o por las cercanías de la Universidad de Columbia, también en la isla, y los negocios y bares usuales pasan desapercibidos porque en la calle –no en las veredas- conviven puestos que ofrecen objetos de segunda mano, comidas y artesanías de origen diverso (al lado de un puesto de maíz asado atendido por  latinoamericanos, una mujer africana vende adornos típicos de Kenia).
  Y la gente que no suele circular por esas zonas sí lo hace entonces, apropiándose de modo temporario de un escenario urbano que habitualmente la excluye.

Un ritual de primavera

  Riverside Park, al noroeste de la isla de Manhattan, es un angosto recreo verde, de unos cien a doscientos metros de ancho por unos seis kilómetros de largo, al lado del río Hudson. Los planos de este parque fueron diseñados a fines del siglo XIX por  Frederick law Olmsted, quien también proyectó otros dos grandes paseos públicos neoyorquinos: el famoso Central Park, también en Manhattan, y Prospect Park, en Brooklyn.
 Es en Brooklyn en donde se levanta el Jardín Botánico, una de cuyas zonas más pintorescas y representativas es el Jardín Japonés. Cada año, entre abril y mayo, se festeja allí el “Hanami”, un festival de un mes de duración en honor al florecimiento de los cerezos, es decir, un ritual de primavera que culmina con una celebración de un fin de semana llamada “Sakura Matsuri”.
  Hay en el  Botánico de Brooklyn más de doscientos cerezos, que sobrevivieron a la donación inicial de dos mil árboles hecha por el gobierno de Japón después de la Primera Guerra Mundial, y en su mayoría están agrupados en Cherry Walk, El Paseo de los Cerezos. En el interior del Jardín, entre colinas, pueden visitarse el pequeño lago con una isla y una cascada, junto a sus puentes de madera y sus miradores, tras atravesar el arco de entrada (torii ) que lleva al santuario Shinto.
   Las numerosas y variadas especies de cerezos florecen en primavera pero en días levemente distintos; por eso, Internet oficia en este caso como una suerte de brújula para orientarnos ante la naturaleza: en la página web del Botánico puede seguirse on line esa secuencia de floraciones a través del denominado “Reloj de la cereza”.

Plazas, parques

  Domingo de otoño a la hora de la siesta –litoraleña- pero en el Village, sentados en un banco bajo el sol, es decir, momentánea y felizmente alejados del frío en el centro de Washington Square, cerca de la réplica del Arco del Triunfo y frente a la Universidad de Nueva York, que ocupa varias manzanas en torno de la plaza. Las calles arboladas de Greenwich Village (que le dan un aire casi pueblerino a sólo cuadras del vértigo del Midtown, el pleno centro de Manhattan con sus rascacielos emblemáticos), junto a los teatros off Broadway y los famosos clubes de jazz, hacen de este barrio del bajo Manhattan -delimitado por el río Hudson y las calles Broadway, Houston y 14- una posibilidad entrañable de caminata urbana.Los pasos actuales conviven con ecos de las leyendas de la bohemia neoyorquina, de la época en que allí residían el joven Dylan, John Dos Passos, Edward Hopper, varios miembros de la generación beat (en una esquina de la calle Bleecker se situaba el San Remo Bar, lugar de reunión de Burroughs, Ginsberg, Corso, Kerouac) y de los clubes nocturnos surgían voces y acordes como los de Joan Baez, Jimi Hendrix, James Taylor o Nina Simone.

  En la plaza conviven, en domingo, un grupo que toca jazz, jóvenes que bailan espontáneamente al lado de la banda, un pianista que va llevando su instrumento sobre ruedas a diversos lugares de la explanada, vendedores de hot dog, un equipo que filma una publicidad, joven modelo cool de la citada publicidad, reportera y camarógrafo que realizan encuestas para la televisión, niños que corren a ardillas entre los árboles, hombres y mujeres practicando desde tai chi hasta hula hula.
  Se dice que Bob Dylan cantaba, en los tiempos míticos del barrio, junto a la fuente de Washington Square.

domingo, 16 de septiembre de 2012


Diario LA CAPITAL - Suplemento "Señales" - 16/9/2012

El camino al padre

(Por Julieta Tonello).  En "Los poetas nocturnos", Beatriz Actis relata la historia de una mujer que emprende un viaje en busca de su pasado. Una novela premiada por el Fondo Nacional de las Artes.

NOVELA "Los poetas nocturnos"
de Beatriz Actis. Homo Sapiens, Rosario, 2012, 136 páginas.


 Autora de una prolífica producción literaria que comprende distintos géneros, Beatriz Actis (Sunchales, 1961) se aboca en esta ocasión a la novela dando vida a Los poetas nocturnos, obra premiada en el concurso del Fondo Nacional de las Artes 2011.

 Delia Crochet, escritora a quien está dedicado el libro, indicó respecto de su temática: "Es una novela pendular, va de la ciudad de Frontera al pueblo de Bleckman, va y viene. A veces más lejos, La Habana, Nueva York, París. Novela viajera. El comienzo es una búsqueda no muy directa, sesgada, y a medida que la novela avanza la dimensión es otra, es la verdadera, la que las conversaciones y recuerdos de la primera parte retardan y a veces ocultan". No es la primera vez que Actis adopta al viaje como motivo de su obra. Tanto en Viajeros extraviados (2000) como en Cruces cierran los campos (2006) y Los años fugitivos (2012) se observa una escritura marcada por el paisaje ribereño y el movimiento geográfico como metáfora de la búsqueda interior de los personajes.
 En breves capítulos, Los poetas nocturnos desglosa la historia de Amelia, mujer de carácter apático y más bien sombrío que asume la voz narrativa del relato. La descripción del viaje se construye a partir de su punto de vista, y al avanzar en la lectura queda claro que se trata de una mirada signada por una pulsión rememorante y un constante estado de añoranza. "Fue entonces cuando pude contemplar desde afuera mi estado de melancolía, y me di cuenta de que veo en todo lo demás mi propia muerte", apunta Amelia.
Si bien las primeras páginas de la novela parecen anunciar un argumento centrado en el deambular del personaje por distintos territorios, pronto el texto se desvía en otras direcciones. Paralelamente al viaje que inicia en busca de respuestas acerca de su padre, Amelia va internándose de manera gradual en un sendero que conduce al pasado —al suyo, al de su padre, al del pueblo que visita—. El viaje adquiere, entonces, una dimensión más profunda, erigiéndose como reencuentro con su propia genealogía, pero también como salvación. Así lo expresa la protagonista: "Pienso con inocencia que remontar el río desde la ciudad de Frontera hasta el pueblo costero de Bleckman podrá darle algún sentido a mi vida, rescatarme de la desazón".
 Sobre el corazón del relato, el desplazamiento geográfico como forma de exploración de su historia es reemplazado por la escritura. Es así que Amelia "(...) escribe para inventar una identidad, una tradición, o al menos, para completar con sentido lo que el hermano del padre no dijo, y tal vez también para que algún pasado un poco mítico adorne verdades más prosaicas, traiciones y hastíos pueblerinos". La protagonista inicia la escritura de un diario en el que se intercalan recreaciones de voces de otros tiempos, preguntas sobre su historia personal y reconstrucciones imaginarias de episodios remotos. El de la escritura se convierte, entonces, en el espacio que el personaje elige para pensarse, revisar su pasado y narrar una experiencia vital ligada a sus orígenes.
 La figura del padre ausente es otro de los tópicos en torno al cual gira el relato. En efecto, toda la novela se construye alrededor de la búsqueda de este padre que ejerce un fuerte dominio sobre el personaje principal a través de su omnipresencia, que es al mismo tiempo una ausencia. A su vez, cada uno de los acercamientos y los vínculos que Amelia establece durante su travesía se convierten, al fin, en una aproximación a su padre, un intento por reconstruir la vida de este hombre a quien no pudo conocer. Así, el desfile de personajes que la acompaña (un poeta con quien se reúne por las noches para compartir largas charlas, un fotógrafo amigo, un tío desconocido hasta el momento) contribuyen a la conformación de la figura paterna.
 Otras micro-tramas que orbitan alrededor del argumento principal —como la historia de Gloria Amparo, amiga de Amelia— permanecen a la deriva y no reciben un desarrollo completo. La autora conoce a la perfección el efecto de estos pequeños relatos inconclusos, que funcionan alternativamente como contrapunto y como recurso ennoblecedor del eje temático de la obra. Y con la misma eficacia literaria, Actis consigue dibujar la impresión de que, tal como expresa Amelia en su diario, "nunca figuran en los mapas los lugares verdaderos".

Diario de viaje: Libros en viejas ciudades
Beatriz Actis 
(Contratapa - Rosario 12 - 7/9/2011)



Librerías de viejo en Lisboa

“Oporto trabaja y Lisboa se divierte”, repite la muchacha portuguesa poniendo en evidencia una histórica disputa -profunda o superficial, verdadera o impostada, atinente a la realidad o al mito: resta averiguarlo- entre las dos ciudades. En verdad, la frase completa es: “Lisboa se divierte, Coimbra canta, Braga reza y Oporto trabaja”.
…Y la bella “Porto” contemplada desde el Café Majestic (lugar-estrella de la ciudad desde la Belle Époque, sede en etapas diversas de las reuniones sociales de la aristocracia local y de las tertulias políticas y el debate de ideas) bulle de gente en movimiento, movimiento que parece reñido con el ocio, tal vez dando razón a la sentencia.
Aunque ¿cómo aceptar alguna crítica, alguna ironía sobre Lisboa después de tanto Pessoa en nuestras vidas, de aquel Pessoa multiplicado en Álvaro de Campos, Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Bernardo Soares, Antonio Mora…?
Del vínculo entre el poeta y sus heterónimos, que creó esos otros de sí mismo, saltamos a otra dispersión: la de los distintos lugares urbanos de encuentro con los libros (bibliotecas, librerías, puestos en las ferias), la tensión de ese vínculo entre los espacios centrales dedicados a los libros, los consagrados, y los espacios eclécticos y entrañables de las periferias.
En Oporto, la gran librería de estilo neogótico está situada en el centro de la ciudad, cercana a la Torre de los Clérigos, y es Lello e Irmao. Deslumbra. Las estanterías llegan hasta el techo, la imponente escalera en el centro es también de madera pero labrada, la luz natural inunda a lectores y a libros desde un amplio techo de vidrio.
En Lisboa, la Feira da Ladra, en el Campo de Santa Clara, y también el colorido mercado de libros viejos en la Rua da Anchieta en el barrio del Chiado, entre las estatuas de Fernando Pessoa, Luis de Camões y Eça de Queiroz, también deslumbran, pero bajo la luz del día.

Libros en La Habana Vieja

En Casa de las Américas, viejos cassettes con lecturas de sus propias obras hechas por escritores de Latinoamérica (no sólo cubanos como Lezama Lima sino también de otras nacionalidades como el colombiano García Máquez, el hondureño - guatemalteco Augusto Monterroso, el salvadoreño Roque Dalton), entre ediciones realizadas en “la Isla Grande”, afiches de películas y fotos de la Revolución, perpetúan las voces por tantos admiradas.
Fundada en 1959 por Haydée Santamaría y presidida durante años por Roberto Fernández Retamar, Casa de las Américas divulga y propicia el trabajo de creadores e investigadores en distintos campos del arte, aunque con acento en la literatura.
En la Plaza de Armas de La Habana Vieja, bajo los árboles, volvemos a encontrarnos no ya con las voces sino con la letra escrita: en los puestos que bordean la plaza conviven la primera edición de “Paradiso”, de Lezama, y los “Cuentos Completos” de Virgilio Piñera
Los vendedores pregonan, como es usual en los mercados, pero aquí pregonan sobre ediciones especiales: “¡Las obras escogidas de Martí, en tres tomos, del Centro de Estudios Martianos!”. Si ven que uno lleva en la mano los cuentos de Piñera recién comprados en un puesto vecino, el pregón cambia a: “¡Aquí tenemos el teatro completo de Piñera!”.
Y siguen las promulgaciones literarias en voz alta, que rebotan, se multiplican o se pierden entre el gentío que recorre la plaza.

Cerca del Sena

En la capital de Francia es hoy una rutina turística visitar Shakespeare and Company, casi a un costado de Notre Dame, cerca de la plaza de Saint Michel, sobre la orilla izquierda del Sena.
(Sin embargo, es sobre el Boulevard Saint Michel, próximo a la mítica librería, en donde puede revolverse entre libros usados y con precios de saldo, dispuestos sobre mesas colocadas en las veredas, en busca de joyas literarias perdidas o, al menos, de alguna oferta en euros atractiva para el lector)
La Shakespeare and Company  original, mencionada por Hemingway en “París era una fiesta”, estaba ubicada en otro sitio, sobre la calle Odeón, y su famosa dueña, Sylvia Beach -editora y librera estadounidense expatriada- recibía allí durante las primeras décadas del siglo XX, entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, a los escritores de la Generación Perdida,  a otros autores de origen anglosajón y a intelectuales franceses de la época.
El lugar funcionaba en la práctica como un centro de literatura de lengua inglesa en pleno París. Beach fue la primera en publicar el “Ulyses” de Joyce, en 1922, antes que en Inglaterra y en Estados Unidos.  
Según lo testimonian diversas publicaciones, la librería se negó a vender, en los 40, un libro de Joyce a un oficial alemán en plena ocupación y como consecuencia, su dueña fue  arrestada durante seis meses y el negocio cerró.
Una década después, reabrió otra librería con ese nombre, esta vez bajo la dirección del también norteamericano George Whitman; es la que hoy aún se encuentra abierta al público en París, al lado del río que atraviesa la ciudad (su dueño murió en el 2011, casi centenario). Fue frecuentada en los años 50 e inicios de los 60 por la Generación Beat.
Esencialmente un anfitrión,  Whitman convirtió a la librería en una suerte de hospedaje gratuito no sólo para escritores sino para todo aquel nómada dispuesto a recibir alojamiento a cambio de algunas horas de trabajo en la librería, atendiendo al público.
Se dice que a cambio, también, los huéspedes se comprometían a leer.


Diario de viaje: Agua que fluye a través de las ciudades

Contratapa de "Rosario 12" - Beatriz Actis - 10/9/2012


Canales como callecitas

  Ante tantos ríos americanos desmesurados, de belleza salvaje, la visión de algunos ríos europeos, angostos y –al menos en apariencia- menos vigorosos, tal vez decepcione al que contempla.
  Sin embargo, las ciudades surcadas por canales, si bien pierden la majestuosidad de un gran río que las atraviese, muestran sus delgados callejones de agua, en algunos casos también las barcazas detenidas contra la orilla frente al verde del costado o los muros de edificaciones soberbias, y siempre, un entramado de puentes que las vuelve pintorescas y en algunos ocasiones sublimes (como la laberíntica Venecia; puede pensarse además, y sólo en Europa, en paisajes diversos como los de Ámsterdam, Brujas, Estocolmo, e incluso en los bächle, esos pequeños canales de agua que atraviesan el casco histórico de Friburgo, la puerta alemana a la Selva Negra).
  Al norte de Londres –ciudad hendida por aguas históricas como las del Támesis-,  en el barrio de Camden, es protagonista el Regent’s Canal, originalmente diseñado para unir el río con el Grand Union Canal, ya que traía desde el norte de Inglaterra diversos suministros para ser exportados. El canal parte de Paddington, marcha a lo largo de Camden y al final se une al Támesis. Es decir, se puede llegar al barrio no sólo por tierra sino navegando a través del canal Regent´s.
  Un recorrido por Camden quizás puede dar una vaga idea de lo que fue el Londres punk de los ochenta. Porque junto al Canal, es protagonista el mercado callejero: en Camden Town, una larga calle se extiende desde la salida del subterráneo hasta los canales y concentra la mayoría de los negocios –disímiles, extravagantes- que dan vida al mercado principal, entre música que surge de los puestos y olores variados de comidas étnicas.
  Como en otros lugares de Londres (y del mundo), hay pintadas de Banksy en las paredes. El arte urbano de Banksy combina escritura y stencils. Uno de sus libros –el primero, publicado en blanco y negro- tiene un título significativo para pensar el arte callejero de la última década; se llama “Golpeando tu cabeza contra una pared de ladrillo”.

Panamá

  La vista –en especial, desde arriba- del canal de Panamá, ya sea de día o de noche, no deja dudas: la estratégica ubicación del istmo y la relativamente corta distancia entre los océanos no podían sino motivar durante siglos la fervorosa idea de construir allí un paso que uniera Pacífico y Atlántico. (Escribe Neruda en “Historia de un canal”: “…en vez de darte un mar te dio las aguas / de los dos soberanos de la espuma / y te besa el Atlántico con labios / acostumbrados a besar las uvas / mientras que el mar Pacífico sacude / en tu honor su ciclónica estatura…”).
  En la zona llevaron a cabo reconocimientos desde Colón hasta Hernán Cortés, pasando por Vasco Núñez de Balboa, ya en la Conquista. En el XIX, von Humboldt propuso un proyecto de excavación; a fines de ese siglo, Fernando de Lesseps, que había construido con éxito el Canal de Suez, presentó su propio proyecto.
  Tras una historia accidentada y trágica, que se dilata en el tiempo, atravesada por feroces intereses económicos e intrigas políticas, el Canal se inauguró en 1914. Antes de su apertura, el paso natural utilizado era el Estrecho de Magallanes, aquí, en el extremo sur del continente.

Puente sobre un río de Mérida

  La Mérida española (la ciudad tiene homónimos en México y en Venezuela) está cruzada por dos ríos: el Guadiana y el Albarregas. El puente romano que aún se conserva sobre el río Guadiana, considerado uno de los más largos de la antigüedad,  data de tiempos de Augusto; descansa sobre sesenta arcos de medio punto, tres de los cuales están ocultos en las orillas. La ciudad fue la capital de la provincia romana de Lusitania.
  Hay en Mérida otras ruinas romanas famosas que conforman uno de los principales y más extensos conjuntos arqueológicos de España, declarado Patrimonio de la Humanidad por Unesco. El anfiteatro forma parte de ese conjunto y en él se celebra desde hace décadas, durante el verano europeo, el Festival de Teatro Clásico.
  Los inicios fueron en 1933: ese año, Margarita Xirgu interpretó Medea en el teatro romano, después de diecisiete siglos de olvido.

Luna sobre el agua

  Luna de esta noche –rara- sobre el río Paraná, luna anaranjada. Abajo apenas se vislumbran los muelles rotos. Dice Marcela en Cali: Naranja encendida.
  Dice  Esmeralda en Venezuela: A la luna de hoy en Cumaná le falta un pedacito y se la ve muy blanca.
  Dice Mauricio desde El Salvador: En Morazán, la luna está de plata.
  (Termina este reporte de lunas latinoamericanas).

martes, 4 de septiembre de 2012

Juanele


Campanas. Oh, la infancia que era como estas hojas, / gracia viva del aire y los reflejos / bajo la penetrante, mansa mirada de la tarde.

Neruda


…y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente / llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos, / sustancias extrañamente inseparables y perdidas.

miércoles, 29 de agosto de 2012

TALLERES 2012





2012: TEXTOS EN TALLER


Las uvas del río
(María Teresa Perotti)

Cuando se abre la puerta
cae el telón y emerge
el río de uvas otoñales

Cuando cae el telón
y se ve entornada la puerta de la poesía
se abren las uvas del río

Cuando emerge el otoño en el río
sobre el telón de las islas
se abren las uvas de la poesía.